Como una final

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Diciembre 2011

 

Por: Félix Fernández

 

Una vez que se ha jugado todo un torneo ‘como una final’, por lo menos en el discurso, la pregunta sería: ¿Y cómo se juega la final una vez que se alcanza… igual o distinto?

En un libro que solo contiene frases de Guardiola titulado: “Palabra de Pep”, se puede leer: “Es un buen momento para seguir, para no detenernos. Si somos capaces de dar importancia a cada partido, a cada acción, a cada detalle, en su momento oportuno, no tengo ninguna duda de que responderemos en todos los partidos, porque lo vamos a necesitar”. Así lo ha hecho los últimos años el Barcelona y así se han acostumbrado a jugar finales.

Aparentemente las finales se alcanzan con el máximo nivel de rendimiento de un equipo y de cada uno de sus integrantes, pero existen ingredientes que van determinando el resultado de la final entre dos equipos en teoría muy parejos. La combinación acierto-error, la capacidad táctica y la fortaleza mental deben ser contempladas constantemente durante una final.

Toni Schumacher, legendario portero de la selección alemana, decidió sentarse a escribir tras la fallida final de la Copa del Mundo México ’86, en la que cayeron frente a la Argentina de Maradona. Lo publicado en su libro ‘Tarjeta roja’, respecto a la final, es digno de reproducir: “(en el autobús) tiemblo de excitación, todos callan. Y tienen razón, solo el callar da la sensación de grandeza, todo lo demás es pequeñez… Con la música me abstraigo de la ciudad, del calor y de la multitud de ojos que, a través de las cortinillas, intuyo más que veo… 1,500 millones de personas miran atentamente. Es espantoso, mejor no pensar en ello. Reflexionar es un veneno paralizante… durante el himno del rival cierro los ojos, me aíslo en otro mundo: en unas interminables playas de arena y una suave brisa que me abanica a través de las palmeras. Cuando vuelvo de mi viaje interior solo tengo un pensamiento: eres el mejor… después de una final perdida hay una sensación que sube del estomago a la cabeza, en la que uno cree que tiene que morir… si por el solo hecho de llegar a ser campeón del mundo hubiera tenido que dejar de jugar al día siguiente, lo habría aceptado… los perdedores tienen que desaparecer lo más pronto posible del terreno de juego… cuando se gana, se gana todo. Cuando se pierde, se continúa vivo”.

Schumacher relata con toda autocrítica su actuación y sensaciones aquel domingo 29 de junio de 1986 en la Ciudad de México. Quizá valdría la pena preguntarle a Carlos Adrian Morales, quien vive su novena final, o a Javier Saavedra (quien perdió 5), acerca de cómo debe o no jugarse una final.

Lo cierto es que, tal como dice Guardiola, los detalles se vuelven más significativos a medida que se avanza en la competencia, como muy cierto también es que una final perdida genera cierta frustración en la que es necesario continuar vivo para enfrentar ese dolor que, de inmediato, lleva a maldecir ese lugar común que tanto se dice a lo largo del torneo: “debemos jugar el próximo partido como una final”… Entonces, si  hemos llegado a una final, ¿por qué nos sentimos tan miserables al perderla?

 

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