También el último minuto cuenta

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Por Felix Fernández

Me gusta concebir el futbol a partir de la nostalgia… Pasé más de 15 años dentro del futbol profesional añorando los partidos informales de fin de semana con los cuates… Hace ya 4 años que comencé a extrañar las mentadas de madre y la energía generada por el público en los estadios; todo esto, mientras recuperaba (entre gritos desquiciados desde mi portería hacia mis

compañeros) el maravilloso disfrute del futbol llanero en las canchas del Ajusco, con nuestro querido Sahara Español F.C.

A más de un año de haberme mudado a la ciudad de Miami, el ‘Síndrome del Jamaicón’ me persigue… no por el sabor de la comida mexicana; no por mi barrio de Coyoacán y ni siquiera por la distancia con la familia. Lo que realmente extraño es el futbol dividido en dos aristas:

Acompañar en la tribuna la probable desgracia del Atlante y compartir en la cancha la probable desgracia del Sahara.

Desde aquel 1991, en que por absolutas causas de fuerza mayor debuté, contra el líder del torneo, con tenis y sin guantes, en la portería del Sahara (debido al inminente default que se marcaría si no me convertía de espectador en jugador); hasta mi partido de despedida (temporal), cuya fotografía aparece en la portada de Tambien el último minuto, únicamente han surgido afectos, admiración, extraordinarios momentos (la mayoría a partir de la derrota) y enriquecimiento cultural con cada uno de los personajes tan singulares que han pasado por este equipo, mucho más partidario de la vida en el fondo de la tabla (de la segunda división, hoy en día), que de la soberbia producida por los primeros lugares.

Tambien el último minuto es una radiografía de la forma de sentir el futbol dentro del Sahara. Para nosotros este libro y este equipo están íntimamente ligados: 9 de los 22 autores de este plantel publicado por Ficticia hemos compartido, tierra y mezcal en el Ajusco uniformados de verde, negro y blanco; baile y ron en las fiestas; autobuses y futbol por distintas partes de la República y, por supuesto, cultura y creatividad en distintos foros…

Así tenemos en esta obra que los empates que tanto detesta Diego García del Gállego en su cuento “El resultado perfecto”, fueron añorados durante los 11 meses que el Sahara perdió ininterrumpidamente… Las alucinaciones escritas por Cuarón en “Tacos de hongos”, quizá fueron inspiradas en aquellos brownies que una mañana circularon cargados de mota antes del juego… La lentitud con que se desplaza el balón en el cuento “El tiro”, de mi hermano Federico, es bastante común apreciarla cuando la pelota es pateada sin mucha precisión, recorriendo metros y metros, impulsada por el famoso ‘factor Ajusco’, sin que nadie se mueva hasta ratificar que la pelota, efectivamente, ha ingresado en el arco.

No dudaría que “El león de Bongor”, de Alejandro Estivill, surgió en alguno de los muchos encuentros que este excelente diplomático alineó durante el año en que François Omam Biyik formó parte del Sahara, un par de años atrás… “El pase quieto” de Carlos López Beltrán puede, sin lugar a dudas, representar la llegada a casa de él mismo tras la batalla sabatina que, de manera aguerrida, siempre enfrenta este historiador, filósofo y corpulento lateral derecho cubierto de musleras… Javier García-Galiano, probablemente bajo el influjo de la fantasía que todo cuento requiere, le escribe una “Oración del jardinero”, a ese personaje siempre anónimo que nunca conoció en los campos pelones que, de vez en cuando, siguen siendo escenario para los recuerdos de la clase que algún día tuvo para jugar futbol en nuestra escuadra.

Sin duda, un pedestal que sostiene al Sahara, porque es uno de sus fundadores, es Gustavo Marcovich, quien en su cuento “Puro cuento” no toca el balón y pasa a la posteridad como un gran jugador sin pelota. Una disección de sí mismo que fracasa en el primer saque de banda que le corresponde ejecutar o en el pase que, invariablemente, le cede algún compañero. Sí, porque es irresistible darle el balón para ver que se le ocurre hacer con él.

Abarcar el tiro penal es una debilidad para quienes nos apasionamos escribiendo de futbol, aunque muy pocos lo acepten, pero en algún momento caen en la tentación de escribir algo sobre el penal. Su sencillez y sus miles de facetas son precisamente el motivo de la inspiración literaria. Por ello, tanto Marcial Fernández como un servidor (él con “La maldición de los penaltis” y yo con Off the record) basamos nuestros cuentos en algún penalti que, por supuesto, también hemos vivido dentro del Sahara, pero sin tanta repercusión. Podríamos poner, como ejemplo, aquella innovación del Torneo de Penales que se le ocurrió implementar a las autoridades de la Liga de Ex alumnos del Colegio Madrid y que se tiraban al medio tiempo de cada partido (porque al final ya nadie tenía fuerza para cobrarlos); competencia en la que nuestro equipo no tenía mucho interés en ganar y, en efecto, fue el peor. Pero también se recuerda una serie de penales, histórica para el arquero autodenominado el “Más goleado en la historia de la liga: Diego García, quien surgió como héroe y en la que el Sahara conquistó un título que aún se comenta en la zona de quesadillas, al término de los partidos.

Me gusta concebir el futbol a partir de la nostalgia. Por eso recuerdo con tanto agrado esos 7 goles que recibí aquel día que informalmente debuté con el Sahara (hace 15 años) contra un equipo que, hasta la fecha, cuando alguno de sus integrantes me encuentra, no duda en recordármelo. De igual manera me gusta recordar el más reciente partido que jugué con este equipo, en el que nos impusimos 1-0 y cuyas sonrisas podemos ver en la portada de También el último minuto.

Agradezco muchísimo la idea de este libro y la presión que Marcial me puso para escribir este cuento que él amablemente me corrigió; le agradezco a Diego la dedicación que ha puesto a cada libro de Ediciones del Futbolista y, por supuesto, para esta antología. A Marcovich le agradeceré siempre que sus desatinadas decisiones dentro del campo se contrapongan con sus atinadísimas reflexiones futboleras fuera de la cancha y al calor de la buena plática.

A los tres les recuerdo que tenemos un pacto desde hace años que a la letra dice: ‘una vez retirado del futbol profesional, debemos jugar juntos en el Sahara al menos 5 años’… Por el momento el tiempo se ha detenido en 2 ½, espero que realmente cumplan con su parte, porque si yo concibo el fútbol a partir de la nostalgia, regresaré para jugar, solamente, con el Sahara y con todos ustedes.

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